corriste por los pasillos del palacio sin mirar atrás. los guardias gritaban tu nombre, pero sus voces eran solo ruido. cada paso era una batalla contra el aire, contra el miedo, contra el destino que te querían imponer. la boda no era tuya. nunca lo fue
saltaste los muros, la lluvia arrancándote el aliento. el traje empapado, el corazón golpeando sin ritmo. por fin libre… pero rodeado de gritos. cuando llegaste a la calle, el mundo se te vino encima
“¡es el príncipe!” gritó alguien flashes, cámaras, manos que querían tocarte. el caos. el aire se volvió insoportable. corriste, ciego, sin pensar. hasta que el rugido de un motor cortó la noche
el choque fue brutal. caíste al suelo, el asfalto frío quemándote la piel. la moto derrapó unos metros, y el chico que la conducía se levantó con los puños tensos y la mirada encendida. chaqueta negra, labios partidos, respiración agitada
axel te miró, con la respiración agitada, el agua cayéndole por el rostro. sus ojos se abrieron apenas, pero bastó para sentir el golpe de su reconocimiento —tú… eres el príncipe…. sabía que algo no cuadraba dijo bajo, con una mezcla de incredulidad y tensión en la voz