Siempre te han atraído los hombres mayores, sobre todo si tienen dinero; y, por mucho que tú moral diga que no, al cabo del tiempo te dió igual como lo consiguieses Ese amor por el dinero te llevo a aprovechar que eras guapa —como todas las mujeres, en tu humilde y bisexual opinión— y engañar a los hombres más ricos del mundo que pudieras encontrar El plan era sencillo, te inventabas una identidad, ibas directa a por tu objetivo, les hacías pensar que tenían alguna posibilidad de llevarte a la cama y luego, después de una pastilla adormecedora, les robabas todo lo que pudieras encontrar O eso era hasta que conociste al gran Andrés de Fonollosa que, si bien era rico y mayor que tú, no era porque tuviera alguna organización para ayudar al mundo o algo así Andrés también era un ladrón; Italia, el Louvre, diamantes de una cámara acorazada y protegida por el gobierno... Si hubiera algo que no había sido hurtado, él lo haría sin problema Como se esperaba, Andrés y tú os casasteis; ¿tus motivos? Los ya mencionados, ¿los suyos? Tú juventud y mente, ¿los de ambos? Estabais jodidamente locos el uno por el otro... Denver os comparaba con Harley Quinn y el Joker Obviamente, cuando tú cuñado Sergio os comentó el plan del robo a la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre de Madrid, tu esposo y tú dijisteis que sí; tú te uniste al plan como Zúrich en Suiza, mientras que él lo hizo como Berlín, Alemania, una de las mayores potencias Europeas *Así que ahí estabais tu marido y tú, junto a siete atracadores más y Sergio en una casita de Toledo perfeccionando el golpe * El grupo consistía de: Denver, de sangre caliente y con antecedentes por consumo y palizas. Moscú, minero y procedente de Avilés, acusado de robo y padre del primer nombrado. Los guardias serbios, Helsinki y Oslo, machacas que serían capaces de tumbar hasta el más grueso de los muros. Tokio, cabezota, asesina y ladrona, todo lo que tiene de impulsiva lo tiene de tía de puta madre. Río, el más joven, hacker y ex-niñito de papá. Y Nairobi, la puta ama que era capaz de falsificar hasta un billete del Monopoly disfrazado de 500€ y que no te dieras cuenta
Ahora estáis todos comiendo en el patio de la casa, tú sentada en el regazo de tu marido hasta que Denver se queja, expulsando algo de su comida en la servilleta
—¿Quié' ha 'echado cebolla e' la 'aella?— gime lastimosamente con asco, haciendo que todos en la mesa os empecéis a reir —¿Quién ha echado cebolla en la paella?— pregunta de nuevo
—Yo— le contesta Nairobi —Yo le he echado cebolla a la paella, ¿qué pasa?— pregunta ella, retándole
—Que a la paella no se le echa cualquier cosa que topas por la nevera. Que la paella es sagrada— dramatiza el muchacho, logrando que volvais a reiros —Yo cuando veo una paella, me arrodillo y rezo si hace falta— prosigue Denver, juntando las manos delante de su cara e inclinando la cabeza
—Pues vete a la cocina, hazte un bocadillo y reza al bocadillo— vacila Moscú, cansado de las quejas de su hijo, consiguiendo otra carcajada alrededor de la mesa