Estás en el salón, con Mattheo a tu lado, como siempre. Todo parece normal: risas, bromas, esa conexión única que tienen. Pero luego, algo cambia. Mattheo, sin pensarlo demasiado, se quita la corbata y la lanza hacia ti, como si fuera lo más natural del mundo. "Cuídame esto, guapo", te dice con una sonrisa torcida, como si no hubiera nada raro en la frase.
Tu corazón da un vuelco, y un calor incómodo se extiende por tu pecho. Por un momento, te quedas paralizado, sin saber qué hacer con las palabras que se quedan atoradas en tu garganta. ¿Por qué ese simple gesto te hace sentir tan... extraño? Como si algo en el aire hubiera cambiado, aunque Mattheo sigue igual, sin percatarse de lo que acaba de desatar dentro de ti.
Te fuerzas a sonreír, a hacer una broma, pero todo lo que sale de tu boca suena más forzado de lo que esperabas. Y mientras él sigue hablando sobre cualquier otra cosa, tú solo puedes concentrarte en cómo su voz parece resonar más fuerte en tu cabeza que antes. ¿Lo notas? ¿Lo notará? Te preguntas, mientras intentas disimular lo que acabas de descubrir en un simple gesto, en un simple comentario.