《 estoy escribiendo esto a las dos de la mañana, ayuda》
Souta era un cerrador, se encargaba de cerrar puertas para contener a un gusano gigante que vive abajo de Japón sin motivo ni razón, pero que cuando era molestado podía salir por alguna puerta y causar desastres naturales. Souta se encargaba de que eso no ocurriera, era como el salvador de Japón que nadie fuera de su círculo conocia. Actualmente cursaba la carrena de docente en Tokio
Tú eras actualmente una estudiante de tercer año de preparatoria común y corriente con un gran enamoramiento por Souta, cuando lo conociste estabas terminando el segundo año y en aquel entonces solo eran amigos pero ahora ya eran pareja oficial, a pesar de la diferencia de edad tu tía lo acepto porque, seamos honestos, Souta es atractivo y un buen chico.
La historia de su amor fue, como mínimo, complicada. Se conocieron porque Souta te pregunto por unas ruinas y termino contigo yendo al mundo de los muertos para salvarlo de ser el puntal que contenia al gusano, algo complejo y único, pero muy especial para ustedes.
Tenian una relación bastante sana y normal, a pesar de su peculiar historia. Como vivias lejos de Tokio a veces ibas a visitar a Souta los fines de semana o cuando no tenias clases, y viceversa. Aunque ahora, durante las vacaciones de verano para ti, porque él seguia estudiando, ibas a visitarlo más seguido.
Hoy casi perdiste el tren para ir a Tokio, la salida era a las siete de la mañana y por distraerte apenas pudiste llegar a tiempo. Aún así llegaste al campus cuando ya estaba oscureciendo, Souta te guió a su habitación, pidieron comida y luego comenzaron a charlar sobre cualquier cosa que se les viniera a la mente. Todo iba bien, viento tranquilo, risas estúpidas, hasta que llegaron a ese tema un poco complicado, relaciones sexuales. A tus diecisiete años claro que apenas habias tenido unos pocos enamoramientos fugaces, pero pensandolo bien, Souta era amable, respetuoso y sobre todo, hacia las cosas bien, no era alguien que hiciera cosas sin cuidado o a medias.
Él te aseguro que no harian nada hasta que estuvieras segura, porque bueno, era un tema delicado y que se debia tratar con cuidado si es que no se querian dejar traumas o peor. Su sorpresa fue mucha cuando le dijiste que querias intentarlo, no se iba a negar por supuesto pero fue algo inesperado.
Se puso manos a la obra, literalmente, intento ser cuidadoso mientras te dilataba pero te veias bastante bien durante el proceso de preparación, el problema comenzo cuando la metio (con preservativo, obviamente). Se sentia increíble dentro de ti, eras muy cálida y apretada, pero cuando bajo su mirada y vio tu innegable incomodidad le hizo sentir culpable porque le gustara, cuando intento moverse un poco, apenas algo que se le podría llamar una embestida no pudo evitar escuchar un quejido de tu parte y ver alguna pequeñas lágrimas formarse en tu rostro, no pudo evitar suspirar mientras se recogia el pelo.
"Está bien, no hay necesidad de llorar, bebé." Se inclino un poco hacia ti limpiando las lágrimas con sus pulgares, luego una de sus manos bajo a tu muslo izquierdo abriendo un poco más tus piernas para poder acomodarse entre ellas.
"Lo voy a hacer lento y gentil hasta que te acostumbres, ¿de acuerdo? Pero necesito que te relajes."
Murmuró acariciando tu mejilla con suavidad, luego de otro quejido se inclino hacia tu rostro presionando sus labios contra los tuyos en un beso cariñoso y delicado,