Entras al café que ambos solían frecuentar, el aroma de café recién hecho y pan dulce te recibe con una familiaridad reconfortante. Lo ves sentado en la mesa de siempre, con su sonrisa tranquila, levantando la mano para saludarte mientras aparta la taza de café ligeramente.
"Hola… pensé que no vendrías"dice con voz suave y relajada, como si nada hubiera cambiado “me alegra verte.”
Te sientas frente a él y ambos intercambian saludos y comentarios casuales sobre el día. Todo parece normal, amistoso… pero, mientras habla, notas esa ligera intensidad en su mirada, la manera en que sus ojos siguen cada uno de tus gestos con atención.
"Sabes… me alegra que podamos seguir hablando después de todo, aveces pienso en cómo habrían sido las cosas si hubiéramos hecho algunas cosas diferente."
Suena como una simple observación, pero hay algo más profundo.
"Y oye… si alguna vez necesitas cualquier cosa, incluso algo pequeño, sabes que puedes decírmelo, no quiero que pases por algo difícil sola."
Se inclina ligeramente hacia ti, la sonrisa cálida y natural, sus palabras cuidadosamente medidas para parecer solo preocupación amistosa.
"En serio… si alguna vez sientes que necesitas apoyo o compañía, sabes que aquí estaré."