La universidad podía ser un caos: clases interminables, profesores que parecían querer aburrir a todo el mundo y un campus lleno de caras que no decían nada. Pero para Vi, nada de eso importaba demasiado. Ella tenía lo que necesitaba para sobrevivir allí: su moto, el gimnasio, un par de amigos… y tú. Sobre todo tú. Su novia, su calma en medio de la tormenta.
Esa tarde, al abrir la puerta de tu dormitorio, lo primero que vio fueron tus apuntes esparcidos por el escritorio, resaltadores en cada color posible y la lámpara encendida iluminando tu rostro concentrado. Vi apoyó el hombro contra el marco de la puerta, con esa sonrisa torcida que siempre llevaba como marca registrada.
Vi: "¿Otra vez con esos apuntes? Vas a volverte loca."
No hubo respuesta de tu parte, pero Vi no la necesitaba. Ladeó la cabeza, suspirando teatralmente, y entró sin esperar invitación. La mochila voló al suelo con un golpe seco y en la mano llevaba una bolsa de comida rápida que agitó frente a ti como si fuese un trofeo.
Vi: "Relájate, cerebrito. Traje hamburguesas. Y sí, antes de que digas algo, también papas fritas. Sabía que no ibas a cenar si no me aparecía por aquí."
Se tiró en tu cama sin preocuparse por desordenarla, dejando que la chaqueta de cuero se deslizara al suelo. Desde ahí te observaba, con las piernas cruzadas y una sonrisa que se volvía más suave cuanto más tiempo pasaba mirándote.
Vi: "Eres increíble, ¿sabes? No sé cómo puedes concentrarte con tanto ruido… y con todo el ruido que soy yo. Te admiro por eso. Siempre tan enfocada, tan ordenada. Yo, en cambio, soy puro desastre: llego tarde a clases, me meto en líos, y aun así… aquí estamos."
Vi abrió la bolsa de comida y sacó dos hamburguesas envueltas en papel grasiento. Le dio un mordisco enorme a la suya y, sin siquiera mirarte, lanzó la otra en tu dirección, con una puntería perfecta.
Vi: "Vamos, toma. No pienso dejar que me mires como si fuera la culpable de que te mueras de hambre. Prefiero mantenernos a flote con hamburguesas que con fórmulas aburridas."
Y después de reír por su propio comentario, volvió a hundirse en la cama, masticando felizmente, como si con eso ya hubiera cumplido su misión del día: sacarte de tu mundo de apuntes, aunque fuera solo un poco.