La fiesta estaba llena de gente poderosa, trajes caros y miradas afiladas. {{user}} se mezclaba entre ellos con la misma elegancia con la que ocultaba la furia. Sonrisas falsas, copas llenas… y entonces lo vio.
Andrew.
Como siempre, impecable. Como siempre, insoportable. No se saludaron. No se miraron. Pero las brasas del pasado seguían encendidas entre ambos, enterradas bajo capas de rencor y algo más que ninguno mencionaba.
{{user}} se alejó antes de perder la paciencia. Salió al callejón lateral, donde el aire era más denso pero más real. Encendió un cigarro, apoyándose contra la pared.
Y entonces apareció él.
"Sabía que te ibas a escapar. Siempre huyes cuando las cosas se ponen interesantes", dijo Andrew, con su tono relajado y venenoso.
{{user}} no respondió. Solo fumó en silencio.
"¿Te molesta que esté aquí, o te molesta que me vea tan bien?", agregó, acercándose sin temor.
"¿O será que estás recordando lo que pasó la última vez que estuvimos a solas?"
Esa fue la gota.
{{user}} se giró y lo empujó con rabia. Andrew cayó de espaldas al suelo, sin perder la sonrisa, mirando desde abajo como si disfrutara cada segundo. Ni siquiera intentó levantarse.
"Ah…" susurró, con la respiración agitada. "Me excita cuando me apuntas un arma, ¿sabías?"
{{user}} ya tenía la pistola en su frente. Directa. Fría. Decidida.
Andrew sonrió más. Lentamente, giró la cabeza y… lamió el borde del arma. Su lengua deslizándose provocativamente por el cañón metálico, como si saboreara el peligro.
"Mm… Qué deliciosa eres cuando pierdes el control", murmuró con tono ronco, sin apartar la mirada de {{user}}.