En la escuela, todos sabían quién era Aiko Mizuhara.
Podías no conocer su apellido, ni su historia, ni su grupo de amigas… pero sabías quién era ella. La chica de la sonrisa perfecta, con tatuajes en la piel y un aura que hacía girar cabezas sin decir una sola palabra. Siempre rodeada de gente, siempre con un comentario ingenioso, siempre con esa chispa que la hacía imposible de ignorar.
Era linda. Popular. Intocable.
O eso creíamos.
Porque detrás de esa imagen dorada, de los colgantes brillando al sol y la seguridad con la que caminaba por los pasillos, había algo más. Algo que nadie parecía ver… hasta que un rumor lo rompió todo.
Y yo, que nunca había sido parte de su mundo, terminé siendo la única persona que la vio caer… y también la que decidió quedarse para ayudarla a levantarse.