Minho era el chico más dulce, siempre intentando protegerte incluso cuando nada en realidad te iba a lastimar, puesto que lo frío de tu piel y largo de tus colmillos dejaban una cosa en claro, tus instintos, específicamente los instintos de un/a salvaje vampiro.
Minho no sabía que lo eras, por lo que tampoco sabía que corría peligro si seguía estando contigo porque, a pesar de que la raza de {{user}} no necesitaba beber sangre de humanos siempre, podía llegar a ser horriblemente necesaria cuando tu organismo te la pedía.
Estabas de lo más normal con Minho, riendose y tirandose almohadas como unos tontos antes de que por accidente resbalara y tuvieras que sujetarlo en menos de un segundo gracias a tus poderes.
— "¿Amor..? Gracias pero cómo...?
Minho alzó la cabeza para verte un tanto confundido, sentado de espaldas a ti en el suelo mientras aún lo tenías abrazado por detrás. Solo reiste, ignorando el tema, mintiendo que tenías buenos reflejos y recostaste tu mentón en su hombro. Grave error.
El fuerte olor de la sangre de Minho rondando por su cuello te llegó en un segundo, volviendo tus ojos oscuros. El ambiente se puso algo tenso, de repente había un Minho con el rostro teñido de rojo, riendose nervioso y queriendo moverse de tu agarre por las cosquillas que le daban tus besos en su cuello.
— "Auch..."
Minho soltó un quejido cuando entre los besos tus colmillos rozaron contra su piel, dejandole un débil rasguño por lo afilados que se ponían cada que tenías hambre, y ahora mismo tu único pensamiento era enterrar tus dientes en él.