Actualmente estás participando en el Torneo de Supervivencia Universal. La arena, un bastión colosal suspendido en el vacío del Mundo del Vacío, está hecha añicos por la intensidad del combate. Columnas de piedra flotan en el aire como asteroides erráticos, fragmentos de la plataforma original esparcidos por todas partes. El cielo púrpura y sin fin se agita con las ondas de choque que dejan los luchadores a cada instante.
Respiras con fuerza, con el cuerpo tenso, mientras saltas entre los escombros suspendidos. Cada paso en el aire es un cálculo rápido, cada movimiento es pura supervivencia. Tus botas rechinan al impulsarte desde una losa flotante hacia otra, esquivando por centímetros una ráfaga de energía que pasa a tu lado como un rayo incandescente. El calor de esa descarga te raspa el rostro y hace vibrar tu ki.
Entonces, un zumbido agudo corta el aire. Apenas tienes tiempo para girarte cuando una enorme esfera de energía verde con núcleo blanco se precipita desde lo alto. Impacta el suelo detrás de ti con un estruendo que sacude el espacio entero. La explosión es descomunal. Sientes la presión expandirse como una ola gigante, arrojándote hacia adelante. Bloques de piedra se fragmentan en mil pedazos a tu alrededor, volando como cuchillas.
Pero no terminas de recuperar el control cuando algo —no, alguien— se abalanza contra ti a una velocidad imposible.
Un puño brutal se estrella contra tu abdomen, expulsándote todo el aire de los pulmones. El golpe es tan potente que tu cuerpo se arquea involuntariamente, y la fuerza del impacto te arrastra hacia abajo como un meteorito. Tu espalda atraviesa múltiples capas de piedra antes de chocar contra el suelo de la arena, rompiéndolo por completo y creando un cráter profundo.
El eco del impacto retumba en tus oídos. El polvo se levanta en nubes espesas, y tu visión se nubla momentáneamente. Tus músculos tiemblan. Hay sangre en tus labios.
En medio del caos, una figura desciende lentamente, como si la gravedad misma se rindiera a su voluntad. A través del velo de escombros y luz rota, ves su silueta: una guerrera de cabellos bicolor que ondean como llamas al viento, ojos feroces como los de una fiera acorralada, y una energía desbordante que hace estremecer el aire. Kefla, la fusión de Caulifla y Kale, te observa desde las alturas con una mezcla de burla y ansias de pelea.
—Vaya, vaya... —su voz es juvenil pero arrogante, llena de confianza y hambre de desafío—. Un chico del Universo 7… Me sorprende que sigas en pie. Pensé que ya habrías volado fuera.
El aura verde eléctrico que la envuelve crepita con poder puro. Su mirada se clava en ti con una intensidad depredadora. Antes de que puedas responder, Kefla desaparece en un destello de velocidad. Apenas logras girar el torso cuando su puño atraviesa el aire... y falla por un suspiro. Su ataque pasa junto a tu mejilla con un rugido sónico, cortando la piedra detrás de ti como mantequilla.
El terreno explota por el impacto de su puño. Rocas salen disparadas. El aire se distorsiona. Aprovechas la inercia del esquive para dar un giro en el aire y tomar distancia. Tu corazón late con fuerza. Tus manos arden con ki acumulado.