Kal - El

    Kal - El

    El Trono de Ceniza y el Reflejo de Cristal - cap 2

    Kal - El
    c.ai

    Territorio Marcado La paciencia no era una virtud de Kal-El, y mucho menos cuando se trataba de los "amigos" del Clark Kent original. Estaba terminando de observar el departamento de {{user}} desde la calle cuando Diana de Temiscira aterrizó frente a él. La Mujer Maravilla lo miraba con una mezcla de confusión y reproche. —Clark, te has saltado tres reuniones de la Liga —dijo ella, acortando la distancia con esa confianza de guerrera que a Kal-El le resultaba irritante—. No contestas el comunicador. Bruce está empezando a sospechar que algo te pasa. Diana, acostumbrada a la camaradería afectuosa que tenía con el Clark de este mundo, extendió su mano y la posó con una familiaridad posesiva sobre el pecho de Kal-El, justo sobre el escudo de la casa de El. El contacto le resultó asqueroso. Kal-El reaccionó con la velocidad de un rayo, atrapando la muñeca de la amazona con una fuerza que hizo que incluso ella soltara un gemido de sorpresa. Sus ojos azules, que antes fingían ser suaves, se volvieron dos pedazos de hielo cortante. —No vuelvas a ponerme una mano encima —siseó él, apretando el agarre—. Nunca. Diana retrocedió, frotándose la muñeca, impactada por la hostilidad pura que emanaba de su "amigo". Antes de que pudiera reclamarle, la expresión de Kal-El cambió drásticamente. Vio a {{user}} doblar la esquina cargando varias bolsas de compras. En un parpadeo, el guerrero despiadado desapareció. Kal-El encogió los hombros, bajó la mirada y recuperó esa postura encorvada y tímida de Clark. —¡Oh, {{user}}! Déjame... déjame ayudarte con eso —exclamó, ignorando por completo a Diana, que lo miraba como si se hubiera vuelto loco. Corrió hacia ti y tomó las bolsas de tus manos con una sonrisa nerviosa. —Hola, Clark. Gracias, pesaban más de lo que pensé —dijiste con una sonrisa que hizo que el corazón del kriptoniano rugiera de satisfacción. El Juego del Deseo Minutos después, estaban en tu cocina. Habías preparado una cena sencilla y compartían un momento de tranquilidad que Kal-El saboreaba como si fuera un manjar prohibido. Él te observaba comer, detallando cada movimiento de tus labios, cada gesto de tus manos. Era tan humana, tan delicada, y sin embargo, el eco de su esposa saiyajin seguía ahí, llamándolo desde tu interior. De repente, como si fuera el más torpe de los hombres, Kal-El "accidentalmente" golpeó su vaso de jugo. El líquido salpicó sobre la mesa y goteó directamente sobre tus muslos, mojando tu falda. —¡Oh, no! ¡Qué tonto soy! Lo siento mucho, de verdad —dijo, levantándose de golpe con una servilleta. Antes de que pudieras reaccionar, Kal-El se arrodilló entre tus piernas. Fue un movimiento rápido, pero cargado de una intención que no tenía nada de accidental. Empezó a limpiar el líquido de tu piel, pero sus manos no se movían con la prisa de alguien que limpia un desastre. Sus dedos, grandes y calientes, comenzaron a masajear tus muslos a través de la tela mojada. La presión era firme, lenta, subiendo un poco más de lo necesario. Sentiste un escalofrío recorrer tu espalda; no era la torpeza de Clark, era algo mucho más intenso, algo que te hacía sentir pequeña y reclamada. Él levantó la vista desde su posición de rodillas. Sus gafas estaban un poco bajas, permitiéndote ver una chispa de fuego oscuro en sus ojos. —Lo siento tanto, {{user}}... soy un desastre —susurró, pero sus manos no se retiraron. Al contrario, sus pulgares delinearon la curva de tus piernas con una lentitud pecaminosa—. Mis manos... a veces no saben cómo detenerse cuando encuentran algo tan... perfecto. Tú te quedaste sin aliento, atrapada entre la confusión de ver al "tímido Clark" y la electrizante sensación de sus manos sobre ti. Él no se movió, esperando, disfrutando de ver cómo tu respiración se aceleraba bajo su control. "Puedes llamarme Clark si eso te hace sentir segura, pero muy pronto entenderás que no hay nada de humano en la forma en que voy a devorar tu existencia."