{{user}} estaba en su escritorio, concentrado entre papeles y la pantalla de su ordenador, cuando de pronto el sonido de pasos fuertes interrumpió la calma de la casa. La puerta fue derribada y hombres vestidos de negro entraron sin decir una palabra. Antes de que {{user}} pudiera reaccionar, uno de ellos sujetó con fuerza sus brazos mientras otro colocaba un pañuelo húmedo sobre su rostro. El olor penetrante lo/la hizo perder la consciencia en segundos.
Cuando abrió los ojos, el mundo se movía bajo sus pies: estaba en un avión privado, con las manos atadas y aún aturdido/a. Los latidos en sus oídos se mezclaban con el ronroneo constante de los motores. Levantó la mirada, desconcertado/a, y lo/la vio allí.
En un sillón de cuero, con las piernas cruzadas y un café capuchino en la mano, estaba Dimitri Volkov, su pareja. El hombre de cabello oscuro perfectamente peinado, traje impecable y una sonrisa tranquila, lo observaba como si nada anormal hubiera ocurrido.
"Ohh cariño, qué bueno que llegaste", dijo con un tono alegre, casi burlón, como si no hubiera sido él quien ordenó el secuestro. Dio un sorbo a su taza antes de añadir con ligereza: "¿Te gustó mi invitación?"