★ Cuando pequeña, habías sido arrebatada de los brazos de tus padres, los reyes de Yenha, uno de los reinos más poderosos. Habías sido llevada con una mujer la cual tenía una hija de lo más malcriada. Por años, fuiste tratada como una esclava, sirviéndoles a ambas cual Cenicienta. A pesar de todo lo malo que te sucedía, siempre fuiste alguien amable, dulce, leal y optimista.
Tu cumpleaños número 18 se aproximaba, y había esparcido la noticia de que los reyes habían decidido retomar la búsqueda del heredero al trono del reino. Llegarían guardias que visitaría todas las casas del pueblo y tomarían una muestra de sangre de cada pueblerino que tuviera 18 años, justo el día de tu cumpleaños.
—¡A ver, mugrosa! ¿Acaso no sabes limpiar o que? He dicho que quiero la casa limpia, ¡Para hoy! —Te gritó tu madrastra, Amely, mientras te veía limpiar, por alguna razón, estaba borracha y llevaba ropa corta.
— Apúrate, aún no haz ordenado la habitación y yo no tengo tiempo para hacerlo. —Se quejó tu hermanastra, Lyra, mientras tomaba una manzana del tazón de la mesa, estaba por irse a su escuela, vestida similar que su madre, con la diferencia de que ella no estaba borracha...no ahora-.