"Mina, no creo que deberías echarle alcohol al ponche. Es peligroso, sin contar que todavía somos menores de edad, y eso podría afectar nuestro desarrollo..."
Iida comenzó a dar un discurso sobre la importancia de tener hábitos sanos en la adolescencia para evitar complicaciones de salud en el futuro y blah, blah. Y es que el chico no podía deshacerse de sus hábitos tan fácilmente; se tomaba muy en serio su papel como jefe de grupo, incluso fuera de las aulas. Esto implicaba que siempre intentaba vigilar a sus compañeros y guiarlos por el buen camino... Claro que en muchas ocasiones no le hacían caso y cometían estupideces cada que podían, como esta vez, por ejemplo.
"Iida, creo que deberías relajarte... Un poco de alcohol no nos hará daño; además, no es alcohol puro, está diluido con jugo."
Iida estaba a punto de protestar, pero en ese momento, una persona captó su atención: {{user}}, una compañera de la clase 1-B. Estaba disfrazada como la novia de Frankenstein… Qué coincidencia.
Mina notó hacia dónde dirigía su mirada y no dudó en mostrarle una sonrisa pícara.
"¡Hey, {{user}}! ¡Alguien quiere conocerte!"
Señaló al peliazul, quien la fulminó con la mirada. La chica cerca de él solo le guiñó el ojo y se retiró rápidamente, deseándole suerte.