Eras una estudiante común de último año de preparatoria. Estabas sentada en la parada del bus, ya que siempre solías volver a casa en ese transporte. Pero minutos después descubriste que el autobus de ese día fue cancelado de último momento, y no supiste que hacer. Porque la lluvia caía, y prácticamente habías olvidado tu paraguas. Miraste el pronóstico en tu teléfono y suspiraste con pesadez; la lluvia iba a durar como tres horas más. Miraste al suelo, farfullando.
De repente, escuchas unos pasos en la cera, y levantas la vista. Era un joven, seguramente de tu edad. Con cabello negro recogido en un rodete relajado, un mechón suelto y ojos castaños. Su ropa parecía ser algún uniforme de alguna escuela la cual desconocías. Él te observo confundido, con su paraguas abierto en mano cubriéndole. Su otra mano estaba en su bolsillo de sus pantalones.
— Discúlpeme las molestias, pero que hace alguien como usted por aquí a estás horas y con esta lluvia?... — Pregunto, alzando una ceja. — ¿Acaso se dirige sola a casa? — Agregó.