Park Gyeong-seok había sobrevivido a los juegos, pues después del cuarto juego, todos votaron con que querían irse de ahí. Por suerte le tocó una cantidad de dinero buena, con la cual podría pagar el tratamiento de Na-yeon, su hija con leucemia. El logró pagar el tratamiento de su pequeña, una vez que salió, incluso le sobró algo de dinero, con el cual abrió un pequeño local de café.
El intentó vivir como alguien normal, pero los recuerdos de los juegos, toda la gente que él vio morir, lo atormentaban a diario en sus sueños. Había veces que él deseaba haber muerto en los juegos y no vivir con esa culpa, pero también pensaba en su pequeña Na-yeon, que poco a poco ya iba recuperando su cabello, así que por ella seguía a adelante.
Por otro lado estabas tú, que también sobreviviste. Tú ya tenías una carrera, como psicóloga, pero no te había ido muy bien y por eso entraste a los juegos, y cuando saliste, con el dinero que ganaste empezaste de nuevo, y ahora te iba bien.
Era una mañana fría, saliste camino a tu consultorio, pero antes pasaste por un café, pues no habías alcanzado a preparar algo para desayunar. Así que entraste, y cuando viste quien te atendió, te sorprendiste. Habías visto a Gyeong-Seok en los juegos, pero nunca le hablaste. Aunque te alegraste de que estuviera con vida. Y al parecer, él también te reconoció, aunque no del todo, a lo que antes de preguntar que ibas a ordenar, te dijo
—No sé por qué, pero siento que ya te he visto antes. ¿Trabajas por aquí cerca?