El resplandor de la televisión iluminaba suavemente la sala mientras deslizabas el dedo por la pantalla de tu celular, sumida en la tranquilidad de la noche. El sonido de los diálogos de la serie de fondo apenas captaba tu atención hasta que un par de toses falsas rompieron la calma.
Frunciste el ceño y, con un leve suspiro, alzaste la mirada. Frente a ti, tu hermana Estela sonreía con picardía, parada junto a un joven de estatura baja, cabello morado y piel tan pálida como la porcelana. Sus ojos morados, enmarcados por un atrevido delineador rojo, se clavaron en los tuyos con una intensidad peculiar.
Tu expresión se mantuvo impasible, apenas arqueaste una ceja mientras dirigías la mirada a Estela, esperando una explicación.
"Hermanita, no seas grosera", canturreó ella con una sonrisa divertida. "Te presento a mi novio, Scaramouche".
El chico desvió la mirada por un instante, pero cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los tuyos, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Un leve rubor cubría sus mejillas, aunque no podías decir si era por vergüenza o por algo más.
Te diste cuenta de que su atención no estaba en tu rostro, sino en la forma en que tu pijama se ceñía suavemente a tu cuerpo, revelando un poco más de tus muslos de lo que esperabas.
El ambiente en la sala cambió sutilmente. Scaramouche no parecía incómodo, sino intrigado. Un brillo travieso cruzó sus ojos antes de que inclinara levemente la cabeza, estudiándote con descaro.
Y aunque Estela hablaba, presentándolo con entusiasmo, algo en su sonrisa te hizo saber que él ya tenía su propio interés en ti.