Desde que os habíais casado hacía ya un año, Benedict se sentía realmente satisfecho y alegre con la idea de verte encinta en un futuro cercano. ¿El motivo? Cuando Daphne y Simon venían de visita a Bridgerton House, a Aubrey Hall o incluso a vuestra mansión en Wiltshire con sus hijos, siempre estabas pegada a los bebés, los mimabas, los consentías y los adorabas con una mirada llena de ternura.
Este suceso se repitió meses después con el primer bebé de Anthony y Kate, Edmund. Estaba más que claro para todos que adorabas a los niños y a los bebés como si te fuera la vida en ello.
Al ojiazul le parecía adorable el ver lo maternal que eras con sus sobrinos y sobrinas. Pues su mente ya había aceptado la idea de que eras así por mera naturaleza, por instinto. Y eso le fascinaba. Le encantaba. Así que la cuestión era...¿Por qué seguir esperando?
Una noche, entró en vuestra habitación matrimonial después de haber terminado un cuadro y te encontró leyendo un libro sobre maternidad, cosa que lo hizo sonreír.
—Mi amor...
Susurró con cariño mientras se acercaba a tu lado de la cama.