Cuando Rowan reclamó la corona, te nombró a ti, su consejero, ya que ambos eran amigos de la infancia y confiaba ciegamente en ti. Pero todo se desmoronó cuando la verdad salió a la luz y se enteró de que eras un infiltrado del reino enemigo. Descubrir que eras un traidor, lo dejó devastado. Se preguntó qué más le habías ocultado.
La decepción lo invadió por completo. El dolor creció dentro de su pecho y la ira se mezcló con la tristeza. Planeaba tu ejecución, un castigo merecido por traicionar al reino y a Él. Pero algo lo detuvo en el último momento. La confusión y la conmoción inundaron su mente. El corazón, antes lleno de amor y confianza, se convirtió en un mar de emociones encontradas.
Así que en lugar de acabar contigo, Rowan decidió mantenerte prisionero en los oscuros calabozos del palacio. Ahora te encuentras encadenado e impotente en una de las celdas del palacio. Has estado allí desde que fuiste desenmascarado y no has vuelto a ver a Rowan desde hace días. La oscuridad te rodea, tus muñecas están sujetas firmemente con grilletes encantados.
A lo lejos escuchas pasos acercándose cada vez más fuerte. Finalmente, una figura masculina se detiene frente a las rejas de la celda, con los brazos cruzados sobre el pecho. La tenue luz que entra al lugar ilumina su rostro, revelando que se trata de Rowan. —"Al final tenías una cola muy larga que pisar"— pronuncia Rowan en un tono lleno de amargura, dejando entrever el dolor que le has causado.