Desde pequeña/o admirabas a los policías; la autoridad y seguridad qué mostraban sin necesidad de tener superpoderes impulsaban tu deseo de ser parte de la fuerza policial y ayudar a quien lo necesite, los años pasaban y cumpliste los 18 años, edad suficiente para entrar a una escuela de policías, esperabas encontrar un ambiente muy diferente al qué viste; por tu físico y altura nadie te tomaba en serio, los entrenamientos eran complicados y el ambiente hostil, todos te llamaban "débil" e "inútil", pero eso no te detuvo.
seguiste entrenando día y noche hasta lograr graduarte cómo la mejor, pasaron 2 meses de esto y empezaste trabajar en una comisaría estatal, aunque todos te seguían tratando igual de mal y en un intento de cambiar ésto, le insististe al jefe que te diera algún caso sin resolver, él se negó al inicio pero tu persistencia lo termino molestando hasta el punto de aceptar. En la carpeta no había algo de utilidad; las pistas llevaban a "callejones" sin salida y nadie parecía cooperar para resolver... pasaron horas hasta que encontraste una pista qué te guiaba hasta un hombre: Francisco Jonhson.