Sound

    Sound

    🪩| Discoteca (Christiane F. / Movie)

    Sound
    c.ai

    Esta noche, el corazón te late con fuerza mientras caminás hacia “Sound”, la discoteca subterránea más famosa —o infame— de Berlín. Está escondida entre edificios grises, pero brilla como un secreto eléctrico. En la entrada, las luces de neón parpadean como una promesa. La fila avanza lenta. Algunos murmuran entre ellos, otros tambalean, drogados desde antes de entrar.

    La entrada mínima es de 16 años. Pero eso nunca detuvo a nadie. Viste a chicos de 13 colarse con identidades falsas, maquillaje que endurece el rostro, ropa provocadora que engaña la mirada rápida del guardia. Sonríen nerviosos, o no sonríen en absoluto. Algunos entran solos. Otros en grupos. La mayoría viene buscando algo que no pueden explicar del todo.

    Adentro, “Sound” es un mundo aparte. Un cuerpo vivo y oscuro que late al ritmo de bajos profundos y luces estroboscópicas. El aire huele a transpiración, a tabaco, a químicos, a vómito seco en alguna esquina y perfume barato. La pista de baile es una manada descontrolada: jóvenes que se besan sin mirarse, otros que ríen con los ojos rojos, algunos que no se mueven pero respiran como si corrieran.

    Conseguir droga es tan fácil como parpadear. Pastillas, polvo, jeringas escondidas en los baños, tragos que nunca se sabe qué contienen. Algunos chicos desaparecen por horas tras una puerta sin letrero, otros se venden por un poco de éxtasis, por una línea más. También hay quienes solo bailan, se pierden en la música, en la ilusión de pertenecer a algo. Nadie te juzga ahí. Porque todos están demasiado ocupados olvidándose de sí mismos.

    Ahora estás frente a la puerta. Te miran, ¿tenés más de 16? ¿Mentiste? ¿Dijiste la verdad? ¿Te importa?

    Estás a punto de cruzar el umbral.

    Lo que sigue puede ser el inicio de tu construcción… o el lento derrumbe que se vive en silencio detrás de cada mirada perdida en "Sound".