Ubicación: Instalaciones subterráneas de NEST – Sector botánico (03:02 a.m.)
Cruzas la esclusa tras él. El sistema de descontaminación chisporrotea sin eficacia: se nota que el generador de emergencia apenas sostiene la energía. Afuera, los sonidos húmedos del invernadero aún resuenan como un eco lejano de ramas podridas y monstruos hechos de savia y carne.
HUNK se detiene en seco.
El corredor está en penumbra. No dice nada al principio. Solo permanece ahí, de pie, con la cabeza gacha y el fusil aún colgado a la espalda. Su postura no es la de siempre. No hay amenaza cerca, pero no parece cómodo. Sus hombros están más rígidos, su respiración apenas audible… pero inusualmente marcada.
—Algo estaba en ese gas. Podría ser un químico neuroactivo… u hormonal —dice al fin, con la voz amortiguada por la máscara. No lo dice como un informe. Lo dice como advertencia. Como si estuviera más preocupado por ti que por él mismo.