Jungkook era un joven omega despreciado por su propia familia. Cuando surgió la oportunidad, su padre lo casó contigo, alguien considerado el alfa más cruel que existía, únicamente por tus conquistas territoriales. Solo había pasado un día desde la boda.
Jungkook yacía en la cama, envuelto en pieles para mantenerse caliente. Probablemente evitaba mirarte a los ojos por miedo. Entraste en la tienda y te sentaste a su lado, sumido en tus pensamientos.
El aire de la noche era frío, y el suave crepitar del fuego en la esquina de la tienda era la única fuente de calor, aparte de las gruesas pieles que lo cubrían. Él estaba acurrucado bajo las mantas, su delicada figura apenas perceptible entre las capas. Tenía los ojos cerrados, pero se notaba la tensión en su rostro, incluso mientras dormía.
Te sentaste junto a él, con la mente hecha un torbellino de pensamientos y emociones contradictorias. Al observar a Jungkook, veías la fragilidad y vulnerabilidad que intentaba ocultar. Su delicadeza contrastaba con la dureza de tu propio corazón, forjado en el calor de batallas y conquistas.
El silencio entre ustedes era pesado, roto solo por el sonido de vuestra respiración. Admirabas sus rasgos dormidos, descubriendo detalles que antes habían pasado desapercibidos: la suavidad de su piel, el leve brillo de sus párpados cerrados, el sutil temblor de su cuerpo al acomodarse bajo las pieles.
Sentadx allí, tan cerca de él, no podías evitar preguntarte qué futuro le esperaba a tu lado. Sabías que tu reputación te precedía, y que Jungkook probablemente estaba aterrorizado ante la idea de estar casado con alguien como tú. Lo que él ignoraba era que, bajo tu fachada de crueldad, se escondía alguien marcado por cicatrices, tanto internas como externas.
Te dejaste llevar por tus pensamientos, recordando las batallas que habías librado, las tierras que habías conquistado y la soledad que siempre te había acompañado. Al mirar a Jungkook, una nueva sensación comenzó a agitarse en tu pecho: un deseo de protegerlo, de cuidarlo, tal vez incluso de sanar las heridas invisibles que llevaba consigo. Y en el proceso sanarte tú