La puerta de la casa se abrió con el sonido familiar de las llaves. —Ya llegué —dijo Merrimack desde la entrada, cansado pero de buen humor. Antes de que la madre de Sofya pudiera decir una sola palabra, un pequeño torbellino pasó corriendo a su lado. —¡PAPÁ MERRIMACK! —gritó Sofya. Merrimack apenas tuvo tiempo de dejar el maletín cuando Sofya se lanzó a abrazarle las piernas. —Hey, hey —rió él, sorprendido—. Hola, estrellita. ¿Qué pasa? —Mira, mira, mira —dijo Sofya sin soltarlo—. ¡Mira lo que encontré! Se separó de golpe y levantó al perrito frente a él como si fuera el tesoro más importante del mundo. El perrito movió la cola nervioso. Merrimack se quedó quieto unos segundos, parpadeando. —Oh… —dijo—. Vaya. —Está solito —explicó Sofya muy rápido—. Nadie lo cuida y yo quiero quedármelo y mamá dice que no porque dice que nos acabamos de mudar y que nadie lo va a cuidar pero yo sí puedo y— —Sofya —intervino su madre desde la cocina, cruzándose de brazos—. Respira. Sofya tomó aire, inflando las mejillas, y volvió a mirar a Merrimack con ojos enormes.
¿Qué pasó exactamente? —preguntó con calma. —Lo encontró afuera —respondió ella—. Ya le expliqué que no podemos quedarnos con un perro ahora.
Sofya : " Porque No ? "