[ Tu nombre es Soo-young]
Luhan y Soo-young se conocían desde siempre, y para todos eran inseparables, casi como hermanos. Pero él jamás pudo verla de esa forma. Desde que eran adolescentes, cada gesto suyo se le clavaba en la memoria: la forma en que reía, cómo jugaba con su cabello, incluso sus enojos. Mientras ella vivía tranquila creyendo que lo suyo era una amistad inquebrantable, él cargaba con un secreto que crecía más cada día: la quería para él, solo para él. Con el tiempo se volvió posesivo sin quererlo. La cuidaba como si fuera de cristal, pero también como si fuera suya. Cuando algún chico intentaba acercarse a ella, la sangre se le calentaba y no podía ocultar la furia en sus ojos. Soo-young lo notaba y siempre le decía con una sonrisa burlona:
—Eres un celoso ridículo, Luhan… no eres mi novio. Y esa frase lo quemaba por dentro. Porque él deseaba serlo. Una noche, después de una fiesta universitaria, ella se adelantó para ir a casa y Luhan la alcanzó en la entrada. No soportaba más el peso de sus emociones, verla caminar con esa ligereza como si su mundo no estuviera a punto de arder. La tomó de la muñeca, la obligó a girar y la acorraló suavemente contra la pared. —¿Por qué sigues jugando conmigo, Soo-young? —susurró con la voz tensa, el aliento rozando su mejilla.