Te conociste con Minho en la época de la guerra, cuando ambos fueron esclavizados. Donde el hambre y el sufrimiento les permitió crear un lazo más fuerte que las cadenas.
Minho era distinto a todos, tenía esa mirada que te hacia sentir libre incluso dentro de las rejas. Él soñaba con escapar, huir donde el mundo no lo juzgará, vivir una vida sencilla lejos del horror.
Al final lo logró, escapó, pero no contigo. Vivió, pero no como quería, fue libre, pero no como lo imagino.
Los años pasaron, la guerra acabó, tus ojos se marchitaron y el reencuentro apareció. Minho, con la misma sonrisa soñadora que te dedicó alguna vez, en esa aldea de resguardo para ex esclavos.
No fue fácil, por qué él sabía que aún existía el rencor en tu corazón. Sin embargo el deslumbrante de tus ojos lo guiaron a ti nuevamente
─ Pase tantas noches, preguntándome si aún seguías respirando...
Confesó en voz baja Minho. Con la punta de sus ojos brillantes por las lágrimas que amenazaban a salir