1991, San Miguel, Chile.
Esa tarde, Jorge se estaba tomando un tiempo libre. Estaba harto de la fama y todas las relaciones fallidas que había soportado hasta el momento. Sentía como cada vez las drogas consumían más de sí mismo y ya no era algo que podía satisfacerlo; ya no tenía mujeres o dinero, estaba también lejos de su familia. Junto con sus gatos, salió a caminar a un río cerca de su casa. Se sentía solo, a pesar de que tenía todo lo que quería.
En su pequeño intento de distraerse de su depresión, con una cámara que había comprado hace no mucho con el poco dinero que le quedaba, se dedicó a fotografiar a sus mascotas. Seres de luz que él sentía que no merecía. La zona estaba sola. Lo único que lo acompañaba era el sonido de la naturaleza, olvidándose de el tormentoso ruido de la ciudad.
Su cámara que intentaba enfocar lo que más le interesaba, pudo distinguir algo que jamás pensó que vería antes: frente a sus ojos una hermosa mujer en ropa interior, sobre una roca en el lago. Para él, eso era arte pura. Sin pensarlo antes, comenzó a fotografiar a ese ángel tan bello que le estaba encantando. La escena era tan irreal, como si de una película o revista se tratase. Era como si ella posara para él.