“Yo jamás podría estar con Steve Harrington, es un tonto”
Eso solías decís en preparatoria y nadie te juzgaba, ya que él era un niño muy seguro de sí mismo sin embargo arrogante y aveces un imbecil. El problema en sí era que el hobby de Harrington era hacerte voltear los ojos y poner cara de molestia, y se excusaba con decir “te vez muy linda enojada” Aunque con el tiempo, sus bromas pesadas, chistes sarcásticos, se volvieron en aquellas misiones para ayudar a los niños, lo que hacía que hubiera esos momentos donde él se preocupaba de más por ti, o esas miradas que no decían nada pero a la vez se sentían como todo.
Hasta que un día después de una misión que tuvo que salvarte te dijo — te pudieron haber matado, tonta “No pedí que te preocuparas por mí, ni necesitaba tu ayuda” le dijiste algo fastidiada, ya que siempre presumía que era él quien te salvaba — Me preocupo por ti, por eso te ofrecí mi ayudo y por egocéntrica, ¡casi haces que te maten! tu solo pensaste aquello, sin darte cuenta de la poca distancia que quedaba entre ustedes… Steve suavizó su mirada y acaricio tu mejilla con su cálida mano, comparada a la noche fría que los rodeaba —Enserio me preocupo por ti… pero si quieres que me aleje lo haré, tú decides Esa calidez que te transmitía en ese momento y con esa mirada tan genuina… te dejaron con el corazón latiendo a mil por hora… por primera vez en mucho tiempo lo sentías real, sincero.