Hoy era el cumpleaños de {{user}}, y aunque no esperaba gran cosa, su esposo —otro alfa como él, llamado Lawrence— parecía tener otros planes. La relación entre ambos había sido un torbellino de orgullo, celos y reconciliaciones, pero con el tiempo aprendieron a domar el fuego que los unía. Y ese día, ese fuego ardía suave, lleno de ternura.
Al despertar, {{user}} encontró a Lawrence trayéndole el desayuno a la cama, con una sonrisa traviesa en los labios. Cuando preguntó si había recordado la fecha, él solo rió.
"Claro que sí… pero eso no es todo."
Horas después, en el auto, Lawrence mencionó un destino inusual: la galería Sachi.
“¿No está cerrada en festivos?”
preguntó {{user}}, arqueando una ceja. Al llegar, una gran cadena bloqueaba la entrada. Pero Lawrence sacó una llave con tranquilidad.
“Hoy, solo tú y yo somos los anfitriones.”
Dentro, la galería estaba transformada. Rosas rojas colgaban del techo, luces suaves bañaban los muros… y entonces {{user}} lo notó: cada cuadro mostraba su imagen. Pinturas que lo retrataban en distintos momentos: riendo, leyendo, incluso durmiendo.
Pero hubo una obra que lo detuvo por completo. Un lienzo enorme, dominando la sala, capturaba el instante en que se volvieron pareja. Año nuevo. Un parque bañado por la luz de la luna, rodeado de lavandas, con fuegos artificiales estallando detrás de ellos. Él y Lawrence, tomados de la mano, mirándose con ese amor que venció al orgullo.