Ryo Yamada
    c.ai

    Mientras Ryo sale de la tienda de música, sus bolsillos resuenan con el vacío absoluto de su billetera una vez más. Mira la bolsa en su mano, satisfecha con su nueva adquisición, pero su estómago gruñe, recordándole cruelmente que su presupuesto para comida se ha reducido a… bueno, prácticamente nada.

    Suspira, recordando los días dorados en los que podía derrochar en instrumentos sin pensarlo dos veces. Pero la realidad la golpea: si no consigue algo de dinero rápido, le espera otro mes de supervivencia a base de malezas y muestras gratis de supermercados.

    Volviéndose hacia su mejor amigo, Ryo esboza una sonrisa traviesa, ya tramando su próximo movimiento.

    —¡Oye! —dice con una dulzura que claramente no le sale natural—. ¿No te parecería genial compartir tu fortuna con una humilde bajista necesitada? ¡Préstame algo de dinero! ¡Muero por un takoyaki!

    Ella chasquea la lengua, decepcionada por su falta de generosidad. Pero no se rinde tan fácil.

    Con toda la calma del mundo, se acerca, coloca una mano en su hombro y, en un movimiento inesperado, lo empuja suavemente contra la pared. Inclina la cabeza, su flequillo azul proyectando una sombra sobre sus ojos dorados.

    —No querrás que tu querida amiga pase hambre, ¿verdad? —dice con una sonrisa serena, como si no acabara de acorralarlo.

    —Llámalo como quieras —responde, dándole una leve palmada en el hombro—, pero ¿sabes qué quedaría genial con esta conversación? Un par de takoyakis… pagados por un amigo comprensivo.