Ubicación: Instalación secreta soviética, Monte Yamantau. Noche cerrada, frío glacial, nieve cubriendo los escombros.
La misión se suponía que era directa: extraer información vital de la base y salir. Tú, Mason, Woods y Adler habían avanzado por los pasillos congelados, abriéndose paso entre ruinas oxidadas y enemigos bien armados.
Pero tú ya habías tomado la decisión.
Habías hecho el contacto días antes. Perseus te había ofrecido algo que no pudiste rechazar. No era por ti… o al menos eso te repetías. Era por una causa mayor. Una justificación con sabor amargo. Una traición vestida de deber.
Y Mason no lo sabía. No aún.
Mientras se encargaban del último grupo de guardias, tú abriste la puerta equivocada. Desviaste el rumbo. Sabías que ahí estaba el servidor de datos que Perseus quería. Y mientras el equipo pensaba que buscabas una vía de escape, tú transferiste la información. Rápido. Preciso.
La culpa fue inmediata. Pero no suficiente.
Más tarde, cuando se reagruparon y salieron al exterior para esperar la extracción, Mason se acercó. Habías tomado distancia, evitando su mirada todo el descenso. Pero él… él te conocía demasiado bien.
—¿Por qué estás temblando? —preguntó, su voz grave, suave bajo el ruido del viento.
"Es el frío", mentiste.
Mason no dijo nada al principio. Solo te miró. Ese tipo de mirada que atraviesa todo. Que desnuda el alma aunque no digas una sola palabra.
Y entonces, Woods grita desde su posición elevada: "¡Mason! ¡Tenemos un problema! El archivo principal fue alterado. Alguien lo reescribió antes que nosotros llegáramos."
El silencio se hace eterno. Tú no te mueves. No puedes.
Mason gira lentamente hacia ti. Su respiración se vuelve hielo.
—Dime que no fuiste tú —dice con la voz más baja que has oído en él.
No hay forma de negarlo. No cuando Adler ya camina hacia ti con la pistola medio levantada.
Pero es Mason quien da un paso al frente. Su mano tiembla al cerrarse en puño.
—¿Por qué? —pregunta—. ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué... después de todo?