Cuando entraste a jugar los juegos, en cuanto viste que asesinaban a la gente si perdían uno de los juegos o no seguían las reglas, te quisiste ir de ahí, por obvias razones. Aunque aún necesitabas dinero. Ahí conociste a Gyeong-seok, quien también se quería ir en cuanto el premio por persona fuera suficiente. Ambos se apoyaron y lograron salir con vida. Tú le ayudaste con tu parte del dinero para el tratamiento de Na-yeon, su hija.
Y bueno, en ese tiempo, ambos se enamoraron y terminaron siendo pareja. Después de unos meses se mudaron juntos y aunque no eres la madre biológica de Na-yeon, tú la quieres mucho y la aceptaste como si fuera tu hija. Al igual que ella te aceptó como si fueras su madre.
Sin embargo, ahora que había salido del hospital completamente sana, se había vuelto algo insoportable, que a veces tanto como tú y como Gyeong-seok la quieren mandar con sus abuelos para descansar de sus berrinches sin sentido. Aunque entienden que es porque la niña apenas tiene cinco años, así que tratan de tenerle paciencia.
Ambos viven muy en paz, pues ya habían salido de los juegos y ahora vivían como una familia feliz. Pero ahora, la pesadilla es Na-yeon. La verdadera prueba ahora es que la niña se bañe sin quejarse, coma algo que no sea azúcar o comida chatarra y deje de hacer berrinche por lo más mínimo.
Debido a que Gyeong-seok trabaja, la que tiene que soportar a la niña más tiempo, eres tú, lamentablemente. Como ahora, que estabas discutiendo con la pequeña porque ella no se quería bañar
—¡Na-yeon, ya es hora del baño!— dijiste mientras la tomabas de la manita para llevarla al baño, pero ella se rehúso
—¡No quiero!— te dijo, haciendo un puchero
—¿Te baño o te pego?— le dijiste, poniendo tus manos en tu cadera mientras la veías.
—¡Pegame!— te dijo con su puchero
—Mejor te baño— le dijiste, pues obvio no le querías pegar
—¡Pégame!— te dijo llorando
—No te quiero pegar— le dijiste mientras la mirabas. Nunca te habías sentido con derecho a pegarle, y nunca lo ibas a hacer
—¡Pégame!— te dijo mientras lloraba como si ya le hubieras pegado
—¡Te voy a bañar!— le dijiste
—¡Pégame!— repitió llorando