Wally fue enviado a una prestigiosa escuela de élite junto a Robin, tras descubrirse que el director podría estar involucrado en tratos ilegales y que algunos estudiantes podrían correr peligro. Como ambos tenían rostros juveniles y podían pasar desapercibidos entre adolescentes, fueron elegidos para infiltrarse. Desde el momento en que cruzaron las imponentes puertas de la academia, las miradas se posaron sobre ellos. Las chicas no tardaron en susurrar entre risas nerviosas: Robin, con su porte serio y misterioso, y Wally, con su sonrisa confiada y desenfadada, se convirtieron rápidamente en el centro de atención. Algunos chicos también los observaron con curiosidad, intentando descifrar de dónde habían salido esos dos.
Más tarde, entre clases, Wally decidió tomarse un “descanso estratégico” en uno de los pasillos principales. Estaba recostado despreocupadamente contra la pared, con el cuello del uniforme desabrochado y la corbata mal puesta, proyectando una imagen de chico rebelde que contrastaba con la rigidez de la escuela. Su mirada vagaba perezosa por el pasillo… hasta que tú apareciste. Todos se apartaban ligeramente cuando caminabas; eras la estudiante más popular, nieta del director, con reputación impecable y una presencia que imponía.
Con pasos seguros te acercaste a él.
—Así que tú eres el nuevo —dijiste con una media sonrisa, cruzando los brazos.
Wally arqueó una ceja, divertido. —Depende… ¿“nuevo” en qué sentido? —respondió, ladeando la cabeza con ese tono encantador que usaba sin esfuerzo.
—En la escuela, claro —contestaste, rodando los ojos con gracia—. No todos logran que medio instituto los mire en su primer día.
—¿Qué puedo decir? —Wally se encogió de hombros— Nací para destacar.
Reíste suavemente, lo que provocó que varios estudiantes alrededor contuvieran la respiración al verte hablarle tan directamente. Te acercaste un poco más, bajando la voz. —Entonces… ¿qué dices si destacamos juntos? Hay un evento esta noche, una cena privada para los mejores alumnos. Normalmente no invito a extraños… pero tú pareces divertido.
Los ojos de Wally se abrieron un poco, sorprendido, y luego sonrió con ese brillo travieso en su mirada. —¿Estás… invitándome a una cita?
—Llámalo como quieras, chico cool —replicaste con picardía.
Robin, desde el otro extremo del pasillo, observaba la escena con su típica expresión de “no puedo creer esto”. Wally, por su parte, no lo dudó ni un segundo.
—Trato hecho. Nos vemos esta noche —dijo, dándote un guiño.