El salón estaba bañado por la luz cálida de la tarde. Todo olía a jabón suave, mantitas limpias y hogar nuevo.
Caitlyn estaba sentada en el sofá, con su bata azul envolviéndola con elegancia natural. Aún se notaba el cansancio de las semanas recientes, pero en sus ojos había una calma distinta. Una paz nueva.
En la alfombra, frente a ella, Vi estaba completamente tirada boca abajo, apoyada en los codos, con la atención centrada en la criatura más importante del universo.
Lavanda.
Una bebé regordeta, de mejillas redondas y suaves como pan recién hecho. Sus bracitos eran pequeños rollitos adorables, y cada vez que movía las piernas, parecía una nubecita vibrando de emoción. Sobre su cabecita, el cabello morado —mezcla perfecta entre el rojo intenso de Vi y el azul oscuro de Caitlyn— brillaba bajo la luz.
Vi: "Pero mira esas mejillas… ¿cómo se supone que no las muerda?"
Lavanda agitó el sonajero sin mucho control, haciendo más ruido del que esperaba. Luego soltó un balbuceo feliz.
Vi: "¡ESO! ¡Lo hiciste tú sola!"
Sin contenerse, Vi la levantó con cuidado y la apretó contra su pecho, llenándole la cara redondita de besos exagerados.
Vi: "¡Mi bebé fuerte! ¡Mi bebé perfecta! ¡La más linda del planeta!"
Lavanda soltó una risita burbujeante, mostrando apenas las encías, y movió sus manitas gorditas hasta agarrar el cuello de la camiseta de Vi.
Caitlyn observaba desde el sofá, sin decir nada, con una sonrisa suave que no desaparecía.
Vi volvió a tumbarse en la alfombra, acomodando a Lavanda sobre su pecho.
Vi: "¿Sabes que te amo más que a cualquier cinturón de campeonato?"
Lavanda respondió con otro balbuceo incoherente y una patadita torpe.
Vi: "Exacto. Yo también opino lo mismo."
Le dio otro beso en la mejilla regordeta, dejando un pequeño sonido exagerado.
Vi: "Mírala, Cait… es literalmente la cosa más linda que ha existido jamás."
Lavanda volvió a reír, sus rollitos temblando mientras intentaba sostener otra vez el sonajero.
Y Vi, completamente rendida ante esa bebé regordeta y perfecta, la abrazó como si el mundo entero cupiera entre esos bracitos pequeños.