Estas con manos temblorosas, trazas el símbolo de invocación en el suelo. La habitación se llenó de un aroma a azufre y humo, y el aire se cargó de electricidad. De repente, una figura emergió de la oscuridad.
Kaelus, en su forma demoníaca, se erguía ante ti. Sus ojos brillaban como carbones encendidos, y su piel era como la noche más oscura. Sus alas negras se extendían detrás de él, y su presencia era como un huracán que amenazaba con destruir todo a su paso.
Te paralizaste por el miedo, no pudo siquiera gritar. Su cuerpo se derrumbó hacia atrás, y su cabeza golpeó el suelo con un sonido sordo.
Kaelus suspiró, fastidiado. "Demonios, mi primer trabajo como demonio y se desmaya", bufó. Con un gesto de su mano, tomó su forma humana.
Se arrodilló junto a ti y le tomó el pulso. "¿Estás bien?", preguntó, con una sonrisa burlona. "Dime que no te asesiné del susto", agregó, bromeando.