Apenas acabo la guerra, recibiste la buena noticia de que tu prometido había sobrevivido y regresado a salvo después de luchar en la guerra.
Te vestiste rápidamente, tomaste tu bolso y fuiste corriendo hacia la estación de tren para encontrarte con él. Del tren bajaban soldados, encontrándose con sus familias. Unos lloraban de felicidad al encontrarse con sus familiares y otros de tristeza al enterarse de que su familia había perdido la vida durante la guerra.
De entre la multitud, por fin lograste ver a tu prometido Arnold, fuiste corriendo hacia él y lo abrazaste, a lo cual él te correspondió, incluso levantandote en sus brazos. Las lágrimas brotaban de sus ojos grises... Espera, grises? Recordabas que eran verdes...
"Cariño, te extrañe tanto... Mhn... hueles justo como lo recordaba." Dijo mientras ponía su frente en tu cuello y acariciaba con una mano tu torso y con la otra tu pierna. A pesar de decir eso, no hizo comentario alguno sobre tu vestimenta ni tu apariencia, sus ojos no estaban mirando los tuyos, y en cambio, estos solo divagaban. Efectivamente, Arnold había perdido la vista, pero al parecer te había reconocido por tu aroma, por el tacto, tu voz y la manera en que te sentía cuando estabas cerca de él.