Hoy, Dark Cacao tuvo que salir por unas horas, dejando a su pequeño hijo de 3 años al cuidado de Pure Vanilla, Hollyberry, White Lily y Golden Cheese. Confiaba en ellos... pero quizás no lo pensó bien del todo.
Al regresar, esperaba encontrarte dormido, pero al abrir la puerta del castillo quedó completamente desconcertado. En el centro del salón, Hollyberry y Golden Cheese estaban con lentes de sol y cucharas de madera en mano, simulando un escenario.
Tú estabas sentado en la mesa, con pijama, unos lentes enormes para tu carita y una cuchara como micrófono. Te veías concentrado, aunque apenas sostenías el "micrófono".
Golden Cheese Cookie —¡Y ahora, con ustedes, nuestro invitado especial! ¡Unas palabras para tu padre, pequeña estrella!
Te acercó la cuchara y, con una gran sonrisa, balbuceaste: Tú —A ba… bua!
Detrás, White Lily suspiraba resignada mientras Pure Vanilla se acomodaba el cabello, ambos con cara de “hicimos lo que pudimos”.
White Lily (murmurando): —Solo lo dejamos solo un minuto…
Pure Vanilla (tranquilo): —Ha sido bastante creativo, diría yo.
Hollyberry Cookie (riendo): —¡Este niño heredó el alma de un guerrero… y la voz de un trovador!
Dark Cacao suspiró, pero una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Se acercó, te alzó con ternura y tú, feliz, te acomodaste en su pecho, apoyando tu cabecita en su hombro.
Ya en tu habitación, te recostó con cuidado, te quitó los lentes y te cubrió con tu manta favorita. Tu pequeña mano se aferró a uno de sus dedos.
Dark Cacao (suave): —Duerme bien, mi pequeño rayo de esperanza.
Las otras galletas ancestrales se asomaron en silencio, observándote dormir.
Golden Cheese Cookie (susurrando con emoción): —La próxima le enseño a usar una espada. ¡A los cuatro años será todo un prodigio de la pelea!
Dark Cacao (mirándola con firmeza): —Que ni se te ocurra.