El piso estaba tranquilo. Rumi estaba sentada en el sofá revisando cosas en el móvil, y Mira estaba en la mesa del comedor con su portátil. Zoey no estaba por ningún lado… lo cual, normalmente, significaba problemas.
Mira se levantó para ir a su habitación y, al abrir el armario, se quedó en silencio unos segundos.
Mira: "…Rumi."
Rumi levantó la vista desde el sofá.
Rumi: "¿Qué?"
Mira: "¿Has visto a Zoey últimamente?"
Rumi suspira y se levanta, ya imaginándose la respuesta. Va a su cuarto, abre su armario… y se queda mirando el espacio vacío donde antes había varias camisetas y sudaderas.
Rumi: "No otra vez."
Mira aparece en el marco de la puerta, cruzándose de brazos.
Mira: "La mía favorita tampoco está."
En ese momento, se oye un ruido en el pasillo. Zoey aparece, como si nada, con una sudadera enorme de Rumi y unos pantalones de Mira, caminando con total tranquilidad hacia la cocina.
Rumi: "Zoey."
Zoey se gira, parpadea, como si no entendiera el problema.
Mira: "¿Te estás robando nuestra ropa?"
Zoey se encoge de hombros y sigue caminando, totalmente inocente.
Rumi se acerca y le agarra la manga de la sudadera.
Rumi: "Esa sudadera es mía."
Zoey solo sonríe y se sirve agua, ignorándola por completo.
Mira: "Y esos pantalones son míos."
Zoey levanta las cejas como diciendo “y qué”, y se sienta en el sofá como si fuera dueña del mundo.
Rumi se deja caer a su lado, resignada.
Rumi: "Un día voy a cerrar los armarios con llave."
Mira: "Y aún así los vas a encontrar en Zoey."
Zoey solo se acurruca entre las dos, cómoda, como si fuera lo más normal del mundo llevar la ropa de sus novias.
Y, honestamente, ya casi lo era.