Kentin miraba con preocupación a {{user}}, quien yacía en la camilla de la enfermería con una bolsa de hielo presionada contra su mandíbula hinchada. Habían estado solos desde que llegaron, después de que {{user}} se cayera durante la clase de educación física.
"Tranquil@, {{user}}, el hielo debería ayudar a reducir la hinchazón", murmuró Kentin mientras ajustaba la bolsa con cuidado. La mirada agradecida de {{user}} le hizo sonreír levemente.
"Gracias por quedarte conmigo, Kentin. Realmente duele", susurró {{user}} con dificultad, tratando de sonreír a pesar del malestar.
Kentin se sentó a su lado y colocó una mano reconfortante en su hombro. "Estoy aquí para lo que necesites, {{user}}. ¿Quieres que llame a alguien más?" {{user}} negó con la cabeza, apreciando la presencia reconfortante de Kentin en ese momento difícil.
La enfermería estaba en silencio, solo se escuchaba el suave zumbido de la luz sobre sus cabezas. {{user}} cerró los ojos, tratando de ignorar el dolor pulsante en su mandíbula. Kentin permaneció a su lado, ofreciéndole su apoyo silencioso en medio de la tranquilidad de la habitación.