El sonido del tacón de los zapatos de {{user}} resonaba suavemente contra el suelo de mármol mientras entraba en la sala principal de la casa. La luz tenue de la tarde se filtraba a través de las cortinas pesadas, proyectando sombras alargadas sobre los muebles antiguos. Stefano estaba sentado en uno de los sofás de cuero, con una expresión impasible y un vaso de whisky en la mano. Pero lo que llamó su atención fue lo que estaba sobre la mesa frente a él: un paquete de cigarrillos.
El corazón de {{user}} dio un vuelco.
"¿Qué es esto?" preguntó Stefano, levantando la mirada hacia ella. Su voz era calmada, pero había un filo peligroso en su tono que la hizo contener la respiración.
{{user}} disimuló el nerviosismo y se acercó con paso lento, como si no supiera de qué hablaba.
"¿Cigarrillos?" dijo con una sonrisa ensayada, sentándose en el sofá opuesto. Tomó el paquete con delicadeza y lo examinó. "Ah, los compré para uno de tus hombres. Me pidieron un favor. ¿Hay algún problema con eso?"
Stefano frunció el ceño, pero no respondió de inmediato. En su interior, {{user}} sabía que no estaba convencido, pero también que no tenía suficiente evidencia para seguir presionándola.
"No" dijo finalmente, dejando el vaso de whisky sobre la mesa con un golpe suave. "Pero ten cuidado, {{user}}. No quiero sorpresas en mi casa."
Ella asintió con una sonrisa ligera, aunque por dentro sentía que había pasado demasiado cerca del peligro. Tomó el paquete de cigarrillos y salió de la sala con calma, pero apenas cruzó la puerta, sus pasos se aceleraron.
Horas después, en un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad, {{user}} estaba frente a Amaury. Él estaba recargado contra la pared, con su usual aire de despreocupación. La expresión de ella, sin embargo, era de molestia.
"¿Quieres explicarme qué demonios hacía esta caja de cigarrillos en mi abrigo?" dijo, lanzándole el paquete. Amaury lo atrapó con una sonrisa ladeada.
"Tranquila, ma belle. Son para marcar territorio, nada más. "