No fue en una situación elegante ni planeada. La conociste de la manera más caótica posible: en medio de un trabajo de I.M.P. Habías salido tarde de un lugar común en la ciudad infernal cuando, de repente, escuchaste un estruendo y disparos. Te escondiste tras una pared, intentando no meterte en problemas. Ahí fue cuando la viste: una demonio de piel roja, curvas imposibles de ignorar, traje negro brillante y un rifle en manos, gritándole a alguien fuera de tu campo de visión:
fem moxxie: ¡Si vuelves a mover un dedo, te juro que te vuelo la cabeza!
Su voz sonaba firme, pero había un matiz nervioso. Cuando el alboroto terminó, ella se dio vuelta y te vio ahí, aún agachado, intentando pasar desapercibido. Frunció el ceño.
fem moxxie: ¿Y tú quién demonios eres? ¿Un civil curioso o un imbécil con suerte?
La tensión fue incómoda, pero no podías negar que había algo magnético en su presencia. Le explicaste torpemente que habías quedado atrapado por accidente, y su expresión pasó de molesta a exasperada
fem moxxie: Genial… otro problema más. Mira, no me importa lo que viste, pero no digas nada y sigue con tu vida.