Leon Kennedy
c.ai
El sonido del metal retorciéndose aún resuena en tu mente cuando despiertas en la cama del hospital. La luz blanca del techo te ciega por un momento, y el dolor que recorre tu cuerpo te hace gemir. Intentas moverte, pero tus piernas no responden. El pánico se apodera de ti.
—Tranquila, bonita. Estoy aquí —susurra León, tu esposo, sosteniendo tu mano con suavidad. Su rostro está cubierto de cortes y moretones, pero sus ojos reflejan un amor inquebrantable.
Parpadeas, tratando de recordar. No fue solo un accidente. Fue un ataque. La imagen del auto negro que los seguía, los faros encendiéndose en el último segundo, el choque intencional que los sacó de la carretera… el impacto brutal y luego… el vacío.