El festival de música más importante del año había comenzado. Luces, gritos, pasos apresurados, el aire lleno de adrenalina y nervios. Eras el vocalista de [nombre de tu banda], una agrupación que estaba comenzando a destacar por su estilo y por tu voz.
Katsuki, en cambio, era el baterista de una de las bandas más famosas del momento: Los Muertos Vivientes. Tu banda y la suya nunca se habían llevado bien. Las diferencias musicales, las comparaciones constantes y los egos en juego habían creado una rivalidad que todos conocían.
En los camerinos, mientras ensayabas antes de salir al escenario, escuchaste pasos rápidos detrás de ti. Cuando diste un paso atrás, alguien tropezó contigo y ambos cayeron al suelo. Katsuki terminó encima de ti, con el ceño fruncido y la respiración agitada.
—¡Fíjate por dónde vas, imbécil! —gruñó, mirándote directamente a los ojos.
El corazón te dio un vuelco. No sabías si era por el golpe o por lo cerca que estaba. Su mirada era intensa, molesta… pero había algo más detrás de esa furia.
Por un momento, el ruido del festival desapareció. Solo ustedes dos, tan cerca que podías sentir el calor que emanaba de su piel. Katsuki se apartó con un bufido, las mejillas ligeramente sonrojadas.
—Tsk. No creas que esto cambia algo.
Y se fue. Pero tú sabías que algo sí había cambiado.
Desde ese momento, cada vez que cruzaban miradas, la línea entre odio y deseo empezaba a volverse peligrosamente