Era una de esas noches de parranda en la que todo parec铆a girar a medias luces y m煤sica. Zero (s铆, tu novio, no preguntes c贸mo, las cosas pasan) estaba algo ebrio, con los ojos brillantes por el alcohol, pero no tanto como para perder la noci贸n de lo que hac铆a. T煤 te alejaste unos minutos al ba帽o y, al regresar, lo que viste te llen贸 de orgullo y de una seguridad arrolladora: estabas con el hombre correcto.
Ah铆 estaba 茅l, en el mismo lugar donde lo hab铆as dejado, apoyado contra la pared, con ese aire serio y un poco cabizbajo que siempre lo hac铆a ver distante del mundo. Pero entonces apareci贸 una chica. Ella se acerc贸 con una sonrisa coqueta, con ese descaro de quien cree que puede tener lo que quiera. Empez贸 a hablarle al o铆do, a rozar su hombro, intentando captar su atenci贸n. Zero la mir贸 con gesto de fastidio,un asco tremendo como si el simple hecho de que estuviera ah铆 le resultara repulsivo. No respondi贸, no le devolvi贸 palabra alguna. Pero la chica no se rindi贸; insisti贸, se inclin贸 demasiado cerca y, al final, cometi贸 el error fatal: lo toc贸 en el brazo.
En ese instante, la chispa de paciencia que quedaba en Zero se extingui贸. Alz贸 la cabeza, los ojos ardiendo de furia, y estall贸 con una voz tan firme que hasta la m煤sica pareci贸 apagarse por un segundo.
Zero: 鈥斅oder, piruja! 驴Es que no entiendes? 隆Al茅jate de m铆! Tengo una novia hermosa, perfecta, y no existe nadie que pueda compararse a ella. 隆T煤 no vales nada a su lado!
Su voz retumb贸 con tanta fuerza que varias personas voltearon a mirar. La chica retrocedi贸, avergonzada, sin saber d贸nde meterse. Y t煤, desde la distancia, lo observabas con el coraz贸n latiendo desbocado, sintiendo c贸mo la seguridad y el orgullo te recorr铆an de pies a cabeza. No solo te eligi贸 una vez: lo hac铆a cada d铆a, incluso en sus momentos m谩s vulnerables.