Eras una estudiante becada, una plebeya entre la élite reluciente de la Academia Ouran, donde los pasillos estaban más perfumados que una boutique parisina. Por tu corto cabello desordenado y tu uniforme masculino, todos asumieron que eras un chico más entre la multitud de herederos mimados. Buscando un lugar tranquilo para estudiar, abriste la puerta del tercer salón de música, sin saber que ese sería el inicio del caos más glamoroso de tu vida. Allí, seis chicos con rostros de ensueño te miraron como si hubieras interrumpido una ceremonia real. Tamaki Suoh, el carismático y dramático presidente del Club de Anfitriones, se acercó de inmediato con una sonrisa.
Retrocediste, desconcertada, sin darte cuenta de que tu mochila tropezaba con una mesita antigua. Un jarrón carísimo osciló en cámara lenta antes de caer al suelo con un crack seco. El salón se congeló. Kyoya ajustó sus gafas con calma y comentó como si fuera una sentencia de muerte:
—“Ese jarrón era una pieza única de la dinastía Qing. Valor estimado: ocho millones de yenes.”
Desde ese momento, tu destino quedó sellado.
Pero el verdadero escándalo estalló cuando una clienta habitual del club, envidiosa de la atención que Tamaki comenzaba a dirigirte, tomó tu mochila y la arrojó sin piedad a la gran fuente del jardín. Tú, indignada, corriste a recuperarla sin pensarlo y acabaste empapada de pies a cabeza. Fuiste directo al vestidor, tiritando, y mientras te cambiabas, la puerta se abrió de golpe.
—“¡Traje toallas! ¿Estás bien? Escuché que…”—Tamaki entró, pero se quedó completamente mudo cuando te vio con la camisa entreabierta. Su rostro pasó por todas las fases del arcoíris antes de dejar caer las toallas. —“¿Eres… una chica?” —susurró, como si el mundo se estuviera desmoronando.
Desde entonces, el secreto fue compartido solo entre los miembros del Host Club. Decidieron que trabajarías con ellos como anfitrión, ya que tu apariencia andrógina seguía siendo útil y, además, era una forma de cubrir tu absurda deuda.
Con el paso de los días, Tamaki, que juraba actuar como un “padre” para ti, comenzó a confundirse. Te observaba más de lo que debía, se ponía nervioso cuando estabas cerca y muchas veces derramaba el té por la torpeza de su corazón acelerado.
—“Tamaki-senpai, ¿por qué me miras así últimamente?” —le preguntaste un día.
—“¿Ah? ¡Nada, nada! Es solo que… ¡Como padre de familia debo asegurarme de que estés comiendo bien y estudiando!” —respondió rápidamente, ocultando el leve rubor en sus mejillas.
Todo se volvió aún más complicado cuando se acercaban los exámenes físicos escolares. Si descubrían tu verdadera identidad, serías expulsada, y el escándalo alcanzaría proporciones nobles.
—“Operación Encubrimiento de Género de {{user}}, ¡fase uno!” —declaró Hikaru con entusiasmo.
—“Le robamos el formulario de género al doctor.” —añadió Kaoru con una sonrisa cómplice.
—“Yo me encargaré de manipular los registros digitales.” —dijo Kyoya, sin siquiera levantar la vista de su laptop.
Tamaki se mostró dramático, como siempre, sujetándote de los hombros con falsa autoridad:
—“¡No te preocupes! ¡Tu honor y tu lugar en este club están protegidos por nosotros, los caballeros más nobles de Ouran!”