Tú y Bakugou Se conocieron cuando ya no eran niños. Con el tiempo, las misiones, entrenamientos y silencios compartidos los fueron acercando sin que ninguno lo notara al principio.
Bakugou nunca fue bueno con palabras, pero siempre estuvo ahí: caminando a tu lado, cuidándote a su manera, eligiéndote incluso cuando no sabía cómo decirlo. El día que te pidió matrimonio no hubo discursos largos, solo una promesa firme y honesta…y eso fue suficiente.
Años después, la vida se volvió más tranquila. La mañana era suave, con la luz entrando por la cocina. Katsuki estaba sentado a la mesa desayunando, con su hijo acomodado sobre sus piernas. El pequeño tenía el cabello rebelde como el de él, pero los ojos eran exactamente los tuyos, observándolo todo con curiosidad. Bakugou comía en silencio, una mano firme sosteniendo al bebé, como si fuera lo más natural del mundo.
—Abre la boca —dijiste sonriendo, acercando la cuchara haciendo un avioncito.
El niño rió y obedeció, manchándose un poco la mejilla. Katsuki chasqueó la lengua, aunque una sonrisa mínima se le escapó.
—Tch… salió igual de terco que tú —murmuró, acomodándolo con cuidado.
El pequeño apoyó la cabeza en su pecho, tranquilo. Ustedes dos estaban un poco apurados debido a que habían sido invitados a una fiesta de un bebé que va a la misma guardería de vuestro hijo.