la gran guerra
    c.ai

    En un mundo desgarrado por la guerra, donde cinco reinos luchan por el dominio absoluto, tú eres el más joven de los cinco monarcas. La sangre de reyes corre por tus venas, pero el fuego de los conquistadores arde en tu mirada. A pesar de tu juventud, el peso de una corona ya descansa sobre tu cabeza, forjada entre intrigas, traiciones y victorias inesperadas.

    Tu reino, aunque no el más grande, se ha convertido en un bastión de esperanza para los ambiciosos y un motivo de temor para tus enemigos. Tus conquistas tempranas y tu mente aguda te han dado fama entre los tuyos y odio entre los demás reyes. Pero hoy, mientras el viento silba entre las almenas del castillo, no hay batallas que librar ni alianzas que sellar… todavía.

    Estás sentado en tu trono, hecho de hierro oscuro y adornado con los emblemas de tus antepasados. A tu alrededor, el salón del trono resplandece con la luz del mediodía filtrándose por los vitrales. Los ecos de las campanas lejanas marcan el paso de las horas, pero tu mente viaja más rápido que el tiempo. Tus pensamientos giran en torno a un solo objetivo: unir los cinco reinos bajo tu estandarte.

    De pronto, las grandes puertas del salón se abren con un retumbar que corta el silencio. Varios de tus generales entran con paso firme, sus rostros marcados por la experiencia y la tensión. Algunos llevan mapas enrollados, otros traen mensajes sellados con cera fresca, y todos traen en los ojos la chispa de la urgencia.

    —Mi rey —dice el primero, inclinándose ligeramente—. Tenemos noticias del norte. El Reino de Karhador ha movilizado tropas hacia la frontera de los Valles de Ceniza.

    Otro general avanza, desplegando un mapa sobre la mesa frente al trono.

    —Y el sur no está quieto. El Reino de Veldarion ha enviado emisarios al ducado de Erosia. Si sellan esa alianza, nuestras rutas comerciales quedarán aisladas.

    Tus dedos tamborilean sobre el brazo del trono. Las piezas del tablero comienzan a moverse. Cada decisión que tomes ahora puede significar la caída de un reino... o su ascenso.