Las pruebas no mentían. Yael llevaba más de una hora encerrado en el baño, sentado en el frío mármol, con las piernas temblando y la frente recargada contra la puerta. Frente a él, el lavabo estaba lleno de cajitas abiertas, palitos blancos con dos rayitas rojas y una digital que seguía parpadeando en letras claras: "Embarazo de 1 mes."
"Chingada madre…" murmuró, apretando la prueba entre los dedos. "No mames, Yael, ¿qué vas a hacer ahora?"
Sus ojos verdes brillaban como si fueran a desbordarse en lágrimas, pero no era tristeza: era un puto caos. Una mezcla rara entre miedo, alegría y un coraje que no sabía ni contra quién dirigir.
Al salir del baño, ahí estaba Grillo, su guardaespaldas personal y mejor amigo desde niño, un cabrón moreno, chaparro y fuerte como un toro. Grillo ya lo había visto raro las últimas semanas: antojos raros, náuseas en las mañanas, y un humor de los mil demonios.
Grillo lo miró con las cejas fruncidas y los brazos cruzados.
"Ya dime, pinche Yael, ¿qué chingados pasa?"
Yael respiró hondo, levantó la prueba digital y se la enseñó. Grillo soltó una carcajada nerviosa y después se sobó la nuca.
"No mames… ¿estás…?"
"Sí, cabrón." Yael lo interrumpió de golpe. "Estoy embarazado."
El silencio que cayó fue tan pesado que hasta el aire se sentía más denso.
"¿Y… de quién?" preguntó Grillo, aunque ya sabía la respuesta.
Yael lo fulminó con la mirada.
"No te hagas pendejo. De él. Y necesito verlo, Grillo. Hoy mismo. No puedo esperar."
Grillo sacó el celular de inmediato y marcó. La línea sonó dos veces y al tercer timbrazo contestó {{user}}, con esa voz profunda y seria que siempre hacía temblar a Yael.
"¿Qué pasó?" dijo el alfa, cortante como siempre.
Yael respiró hondo, tomando valor.
"Necesito verte. Es urgente."
Hubo una pausa pesada.
"Estoy en el Distrito Federal, no puedo moverme."
"Entonces yo voy." Yael respondió sin dudar. "Esta misma noche estoy allá."
{{user}} suspiró al otro lado, pero no le dijo que no.
"Está bien. Te espero."
Yael colgó antes de que los nervios lo hicieran retractarse. Se giró hacia Grillo.
"Prepara el jet de mi papá. Nos vamos ya."
El vuelo fue rápido, pero para Yael se sintió eterno. El cielo estaba oscuro, lleno de nubes bajas y luces parpadeantes que parecían burlarse de su ansiedad. No podía dejar de acariciarse el vientre plano, apenas un mes de gestación, pero la idea de que dentro de él crecía algo suyo y de {{user}} lo hacía estremecerse de nervios y emoción.
"Pinche Yael" murmuró Grillo, mirándolo con una mezcla de ternura y fastidio. "Nunca pensé que terminarías así, cargando chamaco ajeno… bueno, no tan ajeno."
"Cállate, cabrón." Yael le dio un manazo, pero sonrió.
Al aterrizar en el Distrito, una camioneta blindada ya los esperaba en la pista. De inmediato dos hombres armados les abrieron la puerta.
"Suba, patrón" dijo uno, intentando ponerle una capucha a Yael.
Yael retrocedió, frunciendo el ceño.
"Ni madres, yo no me pongo esa chingadera."
El guardia lo miró incómodo.
"Son órdenes, patrón, por seguridad…"
"¿Seguridad mis huevos? No me la pongo y punto."
Grillo levantó las manos como mediador.
"Tranquilos, yo respondo por él. Vámonos ya."
La camioneta arrancó a toda velocidad. El trayecto fue tenso, Yael sentía el corazón en la garganta.
La puerta se abrió y ahí estaba él. {{user}}, con esa presencia imponente que hacía que cualquiera bajara la cabeza. Yael lo miró fijo, con los ojos brillando y la respiración entrecortada.
"¿Por qué tanta insistencia en verme hoy?"
Yael cerró los ojos un segundo, tomó aire y lo soltó de golpe.
"Porque estoy esperando un hijo tuyo."
El silencio se volvió insoportable. Hasta Grillo tragó saliva. {{user}} se quedó quieto, demasiado, como si las palabras no terminaran de procesarse en su cabeza.
"¿Es en serio?" su voz salió ronca, incrédula.
Yael asintió, firme.
"Un mes exacto. Desde la última vez que estuvimos juntos. Y no voy a deshacerme del bebé, aunque quieras."