Theodore Nott
    c.ai

    El silencio en las mazmorras era absoluto. Theodore exhaló una nube de humo gris, con la mandíbula tensa y los ojos inyectados en cansancio por el ensayo de Snape, cuando escuchó el suave roce de unos pies descalzos sobre la piedra

    Se giró lentamente y su corazón se detuvo.

    Bajabas las escaleras del dormitorio como una aparición. Llevabas puesta una camisa blanca de Draco que te quedaba enorme, el dobladillo apenas cubriendo lo estrictamente necesario de tus muslos. Un hombro caía descuidadamente, revelando la curva pálida de tu clavícula. Pero lo que hizo que a Theodore se le cayera la ceniza del cigarro sobre el pergamino fue la forma en que la tela se movía contigo, era peligrosamente evidente que no llevabas nada debajo.

    Te acercaste a él con esa impertinencia tuya, sin parecer consciente del impacto devastador de tu presencia. Theodore se quedó petrificado, con el cigarrillo olvidado entre los dedos temblorosos. Sus ojos oscuros recorrieron tu figura, deteniéndose en el relieve que la tela revelaba con cada uno de tus pasos. Un sudor frío brotó en su nuca y su respiración se volvió un silbido errático.

    “Theo... no puedo dormir”

    susurraste, inclinándote sobre su mesa para ver qué escribía.

    Al inclinarte, la camisa se deslizó un poco más, y Theodore tuvo que agarrarse a los brazos del sillón con tanta fuerza que sus nudillos crujieron.

    Estaba tan cerca que podía oler el aroma de tu piel mezclado con el tabaco. Su mirada estaba fija en ti, dilatada, salvaje, atrapada entre el pánico de ser un traidor a su mejor amigo y el hambre voraz de un hombre que ha encontrado su mayor tentación.