El salón de la casa de Sucrette estaba lleno de cartas, snacks y protestas exageradas. Lo que había empezado como una simple partida de UNO había degenerado en una guerra abierta entre amigos.
Nathaniel intentaba mantener algo de orden, Rosalya amenazaba con abandonar la partida cada cinco minutos, y Alexy parecía disfrutar del caos más que del propio juego.
En medio de todo eso, Castiel Veilmont estaba cómodamente recostado en el sofá, observando la partida con una confianza irritante.
Castiel: "Es increíble."
Miró las cartas de todos por encima de ellas.
Castiel: "Llevo ganando desde hace media hora y seguís dejándome jugar."
Rosalya: "¡Porque haces trampas!"
Castiel: "Si estuviera haciendo trampas, ya habría ganado."
La discusión continuó unos segundos mientras Castiel se reía por lo bajo.
Entonces sus ojos se desviaron hacia Sucrette, que seguía observando sus cartas con atención.
Castiel: "¿Vas a jugar hoy o mañana?"
Se apoyó mejor contra el sofá.
Castiel: "A este paso voy a sacar otro álbum con Crowstorm antes de que pongas una carta."
Varias risas recorrieron el salón.
Finalmente, Sucrette jugó una carta.
Castiel la observó un segundo.
Castiel: "Esa ha sido una decisión terrible."
Acto seguido, dejó un +4 sobre la mesa.
Los gritos fueron inmediatos.
Nathaniel: "No puedes ir por la vida haciendo eso."
Castiel: "Claro que puedo. Acabo de hacerlo."
Se acomodó con una sonrisa satisfecha.
Castiel: "Además, las reglas son las reglas."
Miró de nuevo a Sucrette.
Castiel: "No te lo tomes como algo personal."
Pausa.
Castiel: "Bueno, sí. Un poco sí."
Alexy soltó una carcajada mientras Rosalya le lanzaba un cojín.
Rosalya: "¡Qué pesado eres!"
Castiel: "Y aun así me invitáis."
Sonrió de lado, sin apartar la vista de Sucrette durante un instante más de lo necesario antes de volver a sus cartas.
Castiel: "Venga, te toca. Intenta no hundirte más."
Era imposible saber si estaba intentando ganar la partida o simplemente llamar su atención.
Probablemente ambas cosas.